martes, 5 de septiembre de 2017

SÉ FUERTE, VUELVE SEPTIEMBRE

Como todo el mundo dice machaconamente, ya estamos en septiembre y volvemos a lo cotidiano. Sigamos la corriente, nadar en contra por algo tan necio es de tontos. Me refiero a la definición de tonto que dice que es tonto aquel que tiene escasa o nula capacidad de entender o razonar. Y de estos tontos hay muchos, ha habido y habrá. Bueno, mejor lo dejo ahí. Vuelvo a septiembre y a la “santa rutina” como dicen algunos.

Una de las cosas que más me ha hecho reír es la nueva campaña publicitaria de la serie Narcos que lanza Netflix. Desde aquel eslogan “Felices navidades blancas” (de la misma serie) las navidades pasadas, no había vuelto a ver ningún anuncio tan sugerente como el que ahora está expuesto en las marquesinas de toda España. El anuncio es un simple bocadillo de tebeo, sobre fondo negro, en el que se puede leer: “Sé fuerte. Vuelve Narcos”. Felicito a los artífices.

La otra cosa que también me hizo reír ayer mismo fue una visión furibunda de la sociedad actual. Iba en mi bici intentando llegar al trabajo, entre pedalada y pedalada, cuando cerca de la Diagonal me crucé con una mujer de unos cuarenta y pico peinada de peluquería y vestida con un traje verde muy elegante. En una mano un bolso precioso de Prada de un tono verde más oscuro que el traje, toda ella muy cool, y en la otra una refinada bolsa de Bimba y Lola de la que sobresalía un tupper. Por desgracia para ella, supongo, la bolsa de Bimba y Lola no era lo suficientemente grande para ocultar en su interior todo el tupper, pues pude ver perfectamente la ensalada de macarrones, maíz, cangrejo en barra troceado y lechuga que había en su interior. No le dije nada, pero estuve a punto. Tampoco sabría muy bien que le habría dicho. Quizá algo indirecto, una cosa así como “qué aproveche la ensalada”.

Lo mejor de todo es que ya hemos vivido el verano, “qué nos quiten lo bailao”, como dijo aquel. Y sí, septiembre ya está aquí con todo lo que ello implica. Sé fuerte. Vuelve septiembre.

martes, 23 de mayo de 2017

RAZÓN INSTRUMENTAL

Un concepto muy interesante y de rabiosa actualidad es la llamada “razón instrumental”. Se podría definir como una modalidad del pensamiento que prioriza la utilidad de las acciones y el uso de los objetos de acuerdo a una finalidad. Contrariamente sería una forma de actuar y de pensar bastante irracional e irreflexiva porque convierte la realidad en objetos, en instrumentos para algo. Por ejemplo, me daría igual estar en mi oficina bancaria ante un cajero humano o uno automático si lo que busco es sacar dinero. Tendría razón de acuerdo con la finalidad buscada, pero sería una razón puramente instrumental y por supuesto inhumana. En el discurso social el cajero automático y el humano se igualan, ya no sólo en su función laboral concreta, sino en su realidad social. Es fácil imaginar unos cuantos ejemplos más, ¿verdad?, incluso, sin llegar a exagerar, se podría decir que nuestra sociedad (capitalista) se basa cada vez más en la razón instrumental. 

Lo que triunfa en nuestros días son los medios tecnológicos, los dispositivos que potencian la razón instrumental y, desde luego, estos medios no nos hacen ni más libres ni más humanos, en contra de los que algunos puedan creer. La razón basada en la reflexión y en la lógica corre detrás de la razón instrumental sin poder alcanzarla. Además, gracias a estos medios tecnológicos, confundimos la experiencia con la información. Para que algo que nos llega como información se convierta en experiencia hay que retener esa información y dejar que pase el suficiente tiempo para que se convierta en experiencia. Hoy en día recibimos mucha información, pero somos pobres en experiencia. Esa información se diluye porque no reflexionamos el tiempo necesario, la razón instrumental, que tanto abunda, lo impide.

Un fenómeno reciente, del que mucho tiene que ver la razón instrumental que domina nuestra vidas, es la banalización, el desprecio y el mangoneo a nuestra democracia y al estado de derecho basado en la división de poderes y leyes que todos debemos respetar. Una vez más es recurrente la imagen de una persona o varias personas burlándose públicamente del estado de derecho y menospreciando las instituciones democráticas que nos han conducido a la sociedad más avanzada que jamás ha existido. Internet ha tenido mucho que ver en esto, sino que se lo digan a Trump, un señor que desdeña las instituciones y no se siente apoyado por estas, pero sí por la redes sociales; en definitiva, un señor que abraza la razón instrumental y desprecia la reflexión. 

martes, 25 de abril de 2017

EL TIEMPO Y NUESTRO TIEMPO

A medida que vamos haciéndonos mayores somos más conscientes de un factor transcendental en nuestras vidas: el tiempo. Es evidente que en la inocente infancia ni siquiera nos percatamos. Después, en la adolescencia, somos tan indolentes que lo ignoramos. En la madurez el peso de los años nos empieza a sugerir que no somos eternos y, en la vejez, nos aterra constatar que el cronómetro que empezó su cuenta atrás hace tantos años (o no, depende del punto de vista) está marcando sus últimos compases. Es el tiempo vital. Y la percepción de ese final produce angustia y pesadumbre, como parece lógico, si has aprendido a lo largo de tu vida a vivir de forma razonable; o alegría y alborozo, si piensas que cuando el reloj se pare comienza lo mejor y viajarás al valhalla. Estos son los sentimientos, entre otros, que utilizan las diferentes creencias para sumar simpatizantes. 

Volviendo de nuevo a “el tiempo” y dejando para otro momento los actos de fe producto de una débil formación crítica, a veces también cultural, sumada a la carencia de raciocinio elemental, me gustaría transcribir algunas frases interesantes del pensador alemán Rüdiger Safranski, sobre el tiempo desde el punto de vista individual y social. Para Safranski “a diferencia de otros seres que habitan en este planeta, los humanos somos conscientes del tiempo y de que podemos hacer algo en ese tiempo. Nosotros tenemos los relojes y con su ayuda organizamos nuestra vida social. Podemos decir que el reloj es la máquina más importante de la época moderna, porque gracias a él damos ritmo a nuestra vida y nos enlazamos con otras personas”. Y añade: “Hay un debate cada vez más vivo sobre cómo gestionamos nuestro tiempo. Hemos tardado mucho en cuestiones sobre cómo tratar bien a la naturaleza, pero hemos tardado menos en plantearnos, por ejemplo, como están haciendo los sindicatos, si los trabajadores deben estar localizables en todo momento. Parece mentira que tengamos que luchar por ello. El mayor lujo que vamos a tener en el futuro es ser soberanos de nuestro tiempo, no comprarte un coche de gama alta”. Sobre el ritmo vertiginoso de la vida actual declara: “No se puede evitar. Ahí es la técnica la que marca la percepción que tenemos. La humanidad nunca había conocido esta simultaneidad que vivimos actualmente, con la posibilidad de comunicarnos al mismo tiempo con puntos muy lejanos. Esto cambia mucho la percepción del tiempo y hace que estemos en una sensación de permanente nerviosismo. Hay aquí algo muy interesante y es la peculiar contradicción entre esta comunicación simultánea que nos permite vivir el momento presente y esta situación que vemos a menudo de gente que está fotografiando todo continuamente, que no está viviendo el presente, para poder verlo en otro momento”. 

Hay que ser conscientes de nuestro tiempo limitado y actuar, vivir, relacionarse. Tenemos que mejorar la organización de nuestro valioso tiempo para disfrutar de la propia vida y, por supuesto, hay que saber vivir e ir mejorando esta virtud. Por desgracia esto se aprende con el paso del tiempo, otra vez el tiempo, unos tardan más que otros en aprenderlo y algunos no lo aprenden nunca o caminan en la dirección contraria, pero cuanto antes lo aprendamos, más tiempo tendremos de vida plena y satisfactoria.

martes, 14 de marzo de 2017

SENTENCIA

A veces, como por pura casualidad, la vida vence a la muerte. En ese mundo real, pero que desde nuestra mirada no lo parece, existen lugares donde la vida humana vale menos que una manzana. Hay estudios que demuestran que las personas que viven en una sociedad democrática y pacífica son incapaces de imaginarse con verosimilitud un estado de guerra. 

Nedzad Avdic, de adolescente, soñaba con jugar en la selección de fútbol de Yugoslavia junto a leyendas de los Balcanes como Savicevic o Boban. La guerra civil que sufrió Bosnia entre 1992 y 1995, los años en los que debería haberse desarrollado como deportista, lo despertó de golpe. En medio de esa sucesión de eventos locos y descontrolados acabó frente a un pelotón de fusilamiento en la cuneta de una carretera apartada. Entonces cayó en la cuenta de que todo había acabado. En ese momento existía, pero dentro de unos instantes iba a dejar de hacerlo. Fue sentenciado a muerte sin haber hecho nada. No tuvo miedo, ni suplicó clemencia. Solo recuerda que un pensamiento terrible lo llenó de angustia: voy a morir y mi familia nunca va a saber cómo ni dónde.

Nedzad sobrevivió milagrosamente a la matanza. Los soldados serbios que les dispararon a él y a otras personas a sangre fría vaciaron sus cargadores. El muchacho de 17 años que era entonces recibió un disparo en el estómago. Entró en shock al sentir el escalofrío de la pólvora. Le ardía la barriga y el dolor era insoportable. Le consoló pensar que en unos instantes iban a rematarle de un disparo en la cabeza y todo, ahora sí de veras, habría acabado. Absorto en esas ensoñaciones perdió el sentido. Se despertó un rato después, cuando escuchó a los camiones que transportaban a los soldados marcharse por un camino de tierra. Si podía oír eso es que estaba vivo.

Ahora, con 38 años, Nedzad es un testigo protegido que ha declarado contra el genocidio comandado por el general Ratko Mladic, cuyo juicio por crímenes contra la humanidad lo ha sentenciado. Nedzad perdió a su madre y a su padre durante la guerra. 

Este es un drama reciente, pero el nuestro, el de nuestra Guerra Civil, aún hoy en día continua sin resolverse de forma satisfactoria como se merece una sociedad democrática del siglo XXI. Ni PSOE y mucho menos PP han querido avanzar en este sentido, o si lo han hecho ha sido para cumplir el expediente y poco más. A algunos se les ve demasiado el plumero y solo saben decir que “es mejor dejar en paz el pasado”, craso error. Parece mentira que alguien defienda tales hechos, porque no condenarlos significa defenderlos. El cadáver de dictador y genocida Francisco Franco no puede permanecer en un mausoleo para vanagloria de su persona. Tiene que ser sentenciado públicamente por todos los estamentos políticos y se tiene que actuar en consecuencia como ha sucedido con Ratko Mladic. En España, los miles de muertos asesinados vilmente y tirados en oscuras cunetas no pueden descansar en semejante lugar. El agravio para sus familias y la memoria colectiva de todo un país está en juego. Es un asunto muy grave que hay que aclarar aquí y ahora. No se puede pretender que dejando pasar el tiempo todo se solucionará, es de cobardes y farsantes. A ver si se cumple de una vez la inacabada Ley de Memoria Histórica y, mejor tarde que nunca, se pone a cada uno en su lugar.

martes, 28 de febrero de 2017

PROHIBIDO MEJORAR

Vivimos en una época en la que mejorar la calidad de vida de los ciudadanos es una utopía. Me refiero a esos ciudadanos que representan la gran masa social que sustenta este país, que no son pobres, pero que se miran muy mucho adonde ir de vacaciones una semanita en verano y les sienta como un tiro cuando hay una derrama en la escalera.  

Aquellos que tiene la potestad de implantar dicha mejora se muestran reacios, ni siquiera se plantean discutirlo, claro que a ellos no les afecta, están muy por encima de ese conjunto de ciudadanos que paga sus salarios. Según ellos es momento de agravar y desmejorar la vida de los ciudadanos; la suya no, por supuesto. Me gustaría saber que pensarían si sucediera lo contrario. Si ese conjunto de ciudadanos eligiera bajar el salario a sus señorías un 50%, obligarles a utilizar el transporte público o el suyo privado pagado con sus salarios (es lo normal, ¿no?) y que su jubilación fuera como la de todos, es decir, después de cotizar 37 años y no 7 como sucede ahora. Aun así, estarían por encima de la media, vivirían mucho mejor que la inmensa mayoría. Tal vez sea la única manera para que actúen con un poco de empatía y se dediquen a su trabajo de verdad, que es mejorar la sociedad, porque para lo que hacen, no parece necesario ser un lumbreras.

El severo y aburrido José María Aznar ha dicho hace poco que habría que jubilarse a los 70 años. No creo que así lo haga su mujer Ana Botella o su hija Ana Aznar, la esposa de Alejandro Agag, ese al que pillaron de vacaciones en el mismo barco que Álvaro Pérez, el bigotes. Tampoco creo lo haga cualquiera de sus otros dos hijos. ¿Qué pensaran ellos al escuchar al patriarca de la familia verbalizar semejarte agravio para los trabajadores? Lo primero que pensarán es que eso no va con ellos y, lo segundo, que hay que apretar a los “curritos”, no vaya a ser que se suban a las barbas.

Recientemente no han permitido a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, rebajar la jornada laboral de 37,5 horas semanales a 35 para los funcionarios municipales. Alegan que transgrede la norma estatal, por eso se han suspendido de forma cautelar dichos acuerdos. Esto demuestra falta de inteligencia o ganas de joder al prójimo, que en este caso como en casi todos, es el más débil. Si la productividad es positiva, ¿por qué no? Hay que empezar a mejorar de alguna manera y por algún sitio con la esperanza de que termine generalizándose. Conozco a más de uno y de dos que aseguran que si trabajase solo por las mañanas produciría lo mismo. Y me lo creo, son personas muy cualificadas y responsables. Saben que no se puede jugar con el pan. Entonces, ¿por qué no mejorar la calidad de vida de los trabajadores? En la sociedad occidental, a principios del siglo XX las jornadas de trabajo eran de lunes a sábado, se libraba solo el domingo. Por suerte, gracias a la revolución industrial y a una voluntad real de los gobernantes para mejorar de calidad de vida de los ciudadanos, se llevo a cabo una mejora: la jornada pasó a ser de lunes a viernes. Es obvio que hay diferentes sectores con necesidades muy variadas, pero estoy refiriéndome a la norma generalizada. 

Quizá ha llegado el momento de otro cambio. La era digital, internet, la informatización de los trabajos y la globalización han facilitado muchas tareas. Es una nueva revolución industrial. Tal vez sea el momento de reducir la jornada laboral y apostar por un modo de vida más equilibrado y más humano. Solo depende de la voluntad de los que gobiernan y creo que lo saben, pero como ellos no están incluidos en esa inmensa mayoría de ciudadanos, no les parece buena idea. Todo lo contrario, prohibido mejorar, lo mismo que piensan los hijos del soporífero Aznar.

miércoles, 22 de febrero de 2017

POLÍTICOS

Continua llamándome la atención esa creencia ciega en los líderes políticos que manifiestan algunas personas. En un estado democrático del siglo XXI, una señora o un señor que pregona a los cuatro vientos que si él llega al poder —el ansiado poder— nuestra sociedad irá mejor porque él, y solo él o él mejor que nadie, sabe como conseguirlo; es como mínimo una persona soberbia y mentirosa. Y aquí incluyo a todos los líderes políticos de cualquier partido o los que intentan serlo y desplazar a su jefe. Todos muestran cara de cordero, pero tienen corazón de lobo. El tiempo lo demuestra. No se salva ni uno.

No soy apolítico, al contrario, creo que es necesario una estructura que articule la convivencia entre personas e intente mejorar la sociedad y la vida de cada ciudadano equitativamente. Pero desde luego soy escéptico respeto a los políticos, son humanos y ya se sabe, la carne es débil. Solo se entiende esa fe hacia un político por falta de racionalidad, por necesidad de creer en algo etéreo o por ser un necio. Quizá los tres estigmas a la vez. 

Imaginemos lo que ese super líder iluminado y mesiánico debe pensar en realidad: los votantes que suelen votar a mi partido tienen un perfil bastante definido, está sobradamente estudiado cómo es y qué piensa la mayoría de los votantes de cada partido. De hecho, estos estudios se nutren constantemente de nuevos datos, existen empresas especializadas. Un político sabe lo que sus votantes quieren oír y sus discursos van en esa dirección en un alto porcentaje. Otra parte es para denigrar a los contrincantes, tener un enemigo en necesario para potenciarse uno mismo. Y otra parte es para intentar raspar algún voto de otros partidos cercanos a su ideología. Estos son los tres parámetros que utilizan todos los políticos en sus discursos para encandilar a las masas (sus votantes) y lograr el ansiado ascenso la cumbre. Por lo tanto, el planteamiento de todos los políticos es absolutamente el mismo, solo que matizado para agradar a sus respectivos oyentes. En consecuencia, lo único que les interesa es llegar al poder. Son egoístas disfrazados, y no les culpo, en mayor o menor grado todos lo somos.  Y si no, miren a quien votan ustedes y por qué.

Históricamente los cambios que han conseguido mejorar la sociedad pocas veces han venido de la mano de los políticos. Siempre se ha alzado una voz popular que ha empujado a los gobernantes a actuar hacia una dirección u otra. En cambio, cuando han sido los políticos los que han conseguido ensalzar la voz popular mediante medios de comunicación utilizando falsas proclamas, casi siempre ha sido para deteriorar la sociedad, pero no su hacienda. Ya lo dijo Goethe: “Todo aquel que aspira al poder ya ha vendido su alma al diablo”. 

martes, 14 de febrero de 2017

CALIFICACIÓN PERFECTA

Las viejas estrellas del deporte viven de su pasado. La etapa profesional de un deportista es corta, diez años, quizá algo más si todo va bien. Esto no quiere decir que solo trabajen durante diez años en toda su vida. Desde su infancia comienzan a hacer los primeros escarceos y van evolucionando hasta que finalmente logran profesionalizarse. Pero no siempre es así, hay deportes muy sacrificados que no tienen una proyección profesional. Es simple ley de consumo, si no hay clientes dispuestos a pagar por ver, leer, practicar…, ese deporte, no hay forma de que esos deportista vivan del deporte. Pero esta ley de oferta y demanda suele estar manipulada porque existen muchos intereses creados por parte de las personas que invierten en un determinado deporte y solo les importa el beneficio económico. Pero hay casos mitológicos, que incluso siendo de esos deportes minoritarios que no arrastran masas, en los que surge una estrella capaz de vivir de la estela que ella misma generó en un determinado momento de la historia. Uno de esos mitos es Nadia Comăneci, la primera calificación perfecta en unos Juegos Olímpicos. 

Nadia nación en la Rumanía comunista de 1961. Con nueve años empezó a competir a nivel nacional y a los trece ganó tres medallas de oro en un Campeonato Europeo. El 18 de julio de 1976, Comăneci, a la edad de catorce años, logró hacer historia en los Juegos Olímpicos de Montreal, al conseguir un 10, puntuación que nunca nadie había conseguido. Aquel día, Comăneci deleitó a todos los aficionados con sus grandes giros, que realizó en las barras. La fuerza que tenía en los brazos no era normal para una niña de su edad, sin embargo, la joven rumana dominó la presión de participar por primera ocasión en unos Juegos Olímpicos. Cuando terminó su rutina, el tablero reflejaba una puntuación de 1.00, hecho que produjo confusión entre los espectadores que no sabían lo que había pasado. Durante esos minutos, los jueces dialogaron entre ellos porque era imposible poner un diez como calificación, ya que la puntuación más alta era 9.95. De repente, los jueces informaron que ese 1.00 en realidad era un 10 para Nadia. Al instante, las 18000 personas presentes en el Forum de Montreal, celebraron ávidamente la primera calificación perfecta en la historia de la gimnasia femenina. A lo largo de su vida consiguió nueve medallas olímpicas, pero el hecho realmente mitológico fue ese primer 10.

Tras dejar la competición fue miembro de la Federación Rumana de Gimnasia y entrenó a jóvenes promesas de su país, hasta que 1989 decidió emigrar a Estados Unidos y se casó con Bart Conner, un gimnasta norteamericano. En la actualidad continúa vinculada a la gimnasia, es propietaria una academia de gimnasia junto a su esposo. El eslogan de la academia es: la compañía para producir en 10 perfecto. Colabora con diferentes medios de comunicación y es miembro activo de varias asociaciones relacionadas con la gimnasia. Nadia sí que es la mujer 10.